A medida que el sol comenzaba a calentar la mañana de ayer, los fieles que se acercaron a la Catedral fueron buscando las sombras de los árboles de la plaza San Martín, mientras que el obispo diocesano Antonio Marino caminaba entre ellos por la calle San Martín convertida en peatonal desde su intersección con Hipólito Yrigoyen.
Acompañado por otros sacerdotes, el purpurado impartió la bendición de los ramos de olivos que se levantaban entre la multitud.
En tanto, el merchandising del flamante Papa Francisco tomaba forma de calendarios -a razón de $ 7- y de poster y pañuelos por $ 10, mientras que los ramos de olivos se conseguían "a voluntad" de quien lo pretendía.
Luego de la lectura del libro de Isaías, la carta del apóstol Santiago a los cristianos de Filipas y el Relato de la Pasión, llegó el turno de la homilía pronunciada desde el altar ubicado en las escalinatas de la Catedral.
Así las cosas, el obispo comenzó explicando que el Domingo de Ramos "nos introduce en la Semana Santa", a la que calificó como "una manifestación mayor de esa misericordia" y pidió no vincularla únicamente "con el descanso de los feriados. Qué pobreza espiritual sería la nuestra, si los dejáramos pasar como días de simple turismo mundano, sin intensificar nuestra oración, sin procurar renovarnos mediante la gracia de los sacramentos y la participación fervorosa en los diversos actos de piedad". señaló.
Asimismo, Marino recordó que en un día como ayer "se juntan dos aspectos que parecen contradictorios: el ingreso triunfal de Cristo en Jerusalén, aclamado como Rey y Mesías; y el relato de su pasión, muerte y sepultura. La gloria y el fracaso humano".
En cuanto a los ramos de olivos, explicó que "encierran un simbolismo y nos mueven a un compromiso. Constituyen un recuerdo de lo que aquí hemos hecho. No son mágicos sino provocadores, porque nos estarán preguntando a lo largo del año si llevamos de manera coherente el nombre de cristianos que nos honra".
Servicio y poder
Encadenando la historia con la actualidad, el obispo citó al Papa emérito Benedicto XVI cuando se refería a Jesús como "'un rey que rompe los arcos de guerra, un rey de la paz y un rey de la sencillez, un rey de los pobres'" y recordó las recientes palabras del Papa Francisco: "'Jesús nos muestra el poder como servicio y el servicio como el verdadero poder'".
"Sabemos que también hoy como ayer, se intenta enmudecer la voz de los discípulos de Cristo -añadió-. A algunos les molesta que la Iglesia predique las consecuencias que la fe en El tiene para la sociedad y sus leyes. En los medios de comunicación masiva, hemos oído decir con frecuencia que la Iglesia con sus doctrinas sobre la vida, el matrimonio y la familia, que considera inmutables, se aleja cada vez más de la gente".
En ese sentido, aseguró que "si la vigencia que se pretende asignar a la Iglesia ?como he leído ayer? consiste en hacer de ella simplemente 'una instancia no autoritaria de valores universales' aceptados por todos, una institución bienhechora que predicara una moral según el gusto del momento, entonces la pasión de Cristo habría sido superflua y su cruz un hecho casual e insignificante".
Y nuevamente el obispo citó al Papa Francisco, cuando en su primera homilía dijo "'cuando caminamos sin la cruz, cuando construimos sin la cruz y cuando confesamos a un Cristo sin la cruz... no somos discípulos del Señor: somos mundanos; somos obispos, sacerdotes, cardenales, papas, pero no discípulos del Señor'".
En la continuidad del sermón, afirmó que "el camino elegido por Cristo ha sido el compromiso con la verdad y la obediencia incondicional a la voluntad del Padre. El hombre más libre de la historia, fue el más obediente a Dios".
En ese sentido, aseveró que "esta clara elección que hizo Cristo debe ser también la nuestra. La vigencia de la Iglesia en la sociedad no sigue los moldes mundanos. Jesús no vaciló en quedarse solo, aunque aquellos que El había elegido lo abandonaran y el mismo Pedro lo negara. Ni sus propios discípulos lo entendieron".
Intervención
Finalmente, monseñor Marino instó a que "obremos de modo que esta semana sea de verdad 'santa'. Si queremos seguir al Señor despertemos del sueño espiritual y no nos durmamos como los apóstoles".
Y, en el "año de la fe", recordó que "los católicos argentinos hemos sido reconfortados con la alegría singular de un Papa surgido de nuestra tierra. La conmoción y la euforia iniciales deben ahora transformarse en compromiso. ¿De qué nos serviría este legítimo orgullo si no lo tradujéramos en promesa de una vida de fe y de fidelidad al Evangelio?".
"Puesto que la fe se fortalece dándola -añadió-, sepamos que el Bautismo y la Confirmación nos obligan a transmitir a los demás la riqueza de la fe que tenemos, primero con nuestro ejemplo y después con la palabra".
Para culminar la homilía, volvió a recurrir al Papa Francisco cuando aseguró "'Yo quisiera que todos, después de estos días de gracia, tengamos el valor; sí, el valor de caminar en presencia del Señor, con la cruz del Señor, de edificar la Iglesia sobre la sangre del Señor que se derramó en la cruz; y de confesar la única gloria: a Cristo crucificado. Y así, la Iglesia irá hacia delante. Deseo para todos nosotros que el Espíritu Santo y la oración de la Virgen, nuestra Madre, nos conceda esta gracia: caminar, edificar, confesar a Jesucristo'".
Luego del sacramento de la comunión y la bendición general, la multitud que se había agolpado en las inmediaciones de la Catedral se fue desconcentrado portando los ramitos de olivo.
LA CAPITAL
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